Como comentamos en la entrada anterior, la llegada de un hermanito puede despertar temores en los niños. Por lo tanto es necesario que esté presente el amor. Los celos se despiertan cuando el niño piensa que se pierde el amor. Las preguntas que este sentimiento de pérdida deja en el aire son múltiples y a veces confusas, Por ejemplo: ¿Qué tiene él que no tenga yo? ¿Qué he de hacer para ser como él? ¿Qué he de hacer para no perder su amor?

¿Qué se puede hacer en esta situación?

Cuando se producen situaciones que conducen a un estado de celos, la solución que acude a la mente de los padres es extremar las medidas para evitar un trato diferencial, distribuir equitativamente los bienes, apaciguando con ello los celos.

Quizás no exista otra cosa que hacer. Pero para el que padece los celos, esta solución no resulta satisfactoria en ningún sentido, puesto que su aspiración no es la democracia, aunque apele a ella para obtener lo que el otro tiene. En realidad no importa lo que el otro sea, sino lo que el otro tenga. Si se les hace obsequios de juguetes iguales a dos hermanos, el celoso querrá de todos modos aquél que tiene su hermano, y si acceden a intercambiárselos, enseguida se arrepentirá del trato, reclamando de nuevo el que una vez intercambió el otro.

Es necesario para afrontar este momento contar con grandes dosis de paciencia, adecuadas explicaciones, y una correcta política de gestos de equilibrio, pueden ser unas respuestas eficaces ante estas situaciones.Mostrar respuestas de desborde emocional no es lo más aconsejable, puesto que a esas edades tan tempranas el pensamiento predominante no es precisamente el racional, de modo que no comprenderían nuestras reacciones intempestivas. En contrapartida lo que ocurre es la transmisión de aquel estado de desquicio a los propios niños, quienes lo expresarán de algún modo.

2 comentarios a este artículo
  1. hola quisiera que publicaran algo sobre los niños contestones como hacerle para sobrellevarlos gracias

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