La mejor manera de determinar el estado físico de la criatura es por medio de un examen realizado por el doctor, que toma en consideración no tan sólo el peso y la talla, sino la rapidez del aumento en ambos.

Cuando el doctor hace un examen físico, desviste por completo al niño, lo pesa, mide la talla, y examina cabeza, ojos, oídos, nariz, cuello, boca, encías, dientes, lengua, garganta, corazón, pulmones, abdomen, genitales, dorso, brazos, piernas, pies, huesos, piel, y postura (si el niño ya es de suficiente edad para ponerse de pie). 

El doctor también observará cuidadosamente la proporción y firmeza de los tejidos, el color de la piel y las membranas mucosas, así como la actividad del niño y la presencia o ausencia de defectos o enfermedades.

El doctor determinará luego si la criatura va aumentando de peso con la rapidez que corresponda. El peso de distintas criaturas sanas de la misma edad varía sobremanera, y no puede dictarse ninguna regla satisfactoria en cuanto a lo que deben pesar los niños de pecho a diversas edades.

La raza y el sexo afectan la talla y el peso, y la herencia constituye un factor importante. El hijo de padres delgados y altos revela una constitución física distinta de la de la criatura cuyos padres son bajos y rechonchos.

Lo importante es determinar si la criatura va aumentando constantemente de peso. Puede considerarse satisfactorio un aumento medio de 120 a 240 gramos semanales durante los primeros 6 meses, y de 90 a 150 gramos durante el segundo semestre. El aumento de peso de por sí es el mejor índice del bienestar físico durante el período de la infancia.

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