Los niños son, por naturaleza, inquietos y pueden pasar etapas en las que se muestren especialmente nerviosos, como por ejemplo cuando comienzan a ir al colegio o si han tenido un nuevo hermanito.

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Para decir que un niño es hiperactivo, deben haber varios factores:

  • Actividad motora excesiva en comparación con los niños de su misma edad.
  • Dificultad para mantener la atención de forma sostenida y selectiva.
  • Tendencia a actuaciones sin medir las consecuencias, es decir niños muy impulsivos.
  • Agresividad, problemas de conducta y dificultad para relacionarse con los demás.

La hiperactividad es un transtorno que se manifiesta en todos los ámbitos de la vida diaria, y se detecta sobretodo en la etapa preescolar y afecta más a los niños que a las niñas (9 de cada 10 casos).

Con un tratamiento psicológico adecuado suele mejorar e incluso puede llegar a desaparecer en la adolescencia. Exigirá muchísima paciencia por parte de los padres, quienes deberán seguir todas las pautas indicadas por el especialista.

El especialista trabaja fundamentalmente la adaptación a las normas, la búsqueda de una mayor autonomía y autocontrol y la mejora de la consciencia sobre sí mismo y su autoestima.

 Para ello se van premienado sus logros y castigando con la reprimenda sus fallos, así como haciéndole repetir correctamente la conducta e incluso apartándolo temporalmente de una situación, hasta lograr calmarle y recomenzar de nuevo.

Nunca hay que confundir a un niño nervioso con un niño hiperactivo, porque aunque a simple vista sean completamente iguales, hay señales que los diferencian, lo mejor, ante la duda, es consultar a un especialista que sabrá aconsejarnos correctamente.

Más información   Asociación niños hiperactivos

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