Debido al estilo de vida actual muchas madres optan por dar el biberón. En este caso hay que avisar al equipo médico para que, después del parto, inhiba la subida de leche con la medicación adecuada.

La leche maternizada es un alimento lácteo elaborado a partir de la leche de vaca, pero al que se le ha realizado un tratamiento específico para que resulte aceptable para el recién nacido.

Se le reduce la cantidad de proteínas, extrayendo sus grasas animales, que son reemplazadas por otras de origen vegetal, y se aumenta su contenido en vitaminas, ácidos grasos y minerales.

Siempre debe ser el pediatra el que escoja el tipo de leche y la dosis más recomendable para cada bebé. Si en los primeros días el bebé presenta algún signo de intolerancia a la leche (vómitos, cólicos o alguna reacción en la piel) el pediatra optará por cambiarla.

La mejor manera de dar el biberón es sentando al bebé sobre las rodillas en una posición semiinclinada y colocar un cojín sobre el brazo en el que se apoyará su cabeza. Hay que mantener el biberón de forma que la tetina esté siempre llena de leche para impedir que entre aire y el bebé lo trague al succionar.

Cualquier horario al que se le quiera adaptar debe ser flexible. No está bien hacer esperar al bebé si tiene hambre pero tampoco está bien despertarle para que se tome el biberón.

Cuando observemos que el bebé se termina el biberón, deberemos ponerle mayor cantidad de leche maternizada. Nunca hay que esperar a que el biberón se quede vacio sino que debe quedarle al menos un dedo de leche. De este modo sabremos que el bebé se ha saciado.

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