La entrada del niño en la escuela coincide con un momento muy importante en su vida. Son años casi mágicos, de búsqueda continua y apasionada, en los cuales se desarrolla la imaginación del pequeño, alimentada por la voluntad y el deseo de experimentar.

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Si el niño no ha ido a la guardería, la escuela supondrá prácticamente la primera ocasión de convivencia con sus compañeros, de salir de la familia y de encontrar nuevos puntos de referencia.

Generalmente, el primer año de preescolar o Segundo Ciclo de Educación Infantil, a los tres años, se centra en la adaptación a la nueva situación: el entorno, los maestros, los compañeros, las costumbres de cortesía, convivencia y cuidado personal.

A partir de los cuatro años, el entorno y los compañeros ya son familiares y el niño se siente cómodo en ese ambiente. Entonces aumentan las posiblidades de disfrutar con lo que hace y extraer placer de lo que aprende día a día.

En términos generales, el Segundo Ciclo de educación Infantil se basa en la construcción del aprendizaje, entendiéndolo como un proceso individual que se realiza en colectividad y en el que intervienen muchos factores: la motivación, la afectividad, los compañeros, el maestro, etc.

Este último tiene la función de dinamizar el grupo, recoger sus inquietudes y lograr que cada niño relacione su propio bagaje personal con lo que aprenderá.

 Las capacidades básicas que se deben desarrollar en el niño son:

  • Conocimiento del propiop cuerpo y sus posibilidades, estimulando las habilidades y destrezas motrices.
  • Desarrollo de la expresión y comunicación para relacionarse con los demás.
  • Interés por el entorno natural, familiar y social.
  • Adquisición de una progresiva autonomía e independencia en sus actividades habituales.

En el niño de párvulos se valora fundamentalmente su relación con los compañeros y el maestro, y la adquisición de hábitos y conocimientos.

Más información |  El niño que rechaza la escuela

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