Si se pretende darle a nuestro hijo un cierto marco de seguridad en sus nuevos desplazamientos debemos implementar algunas cosas, sin la necesidad de exagerar con la limpieza.
• Las moquettes se deben aspirar todos los días.
Los juguetes los lavaremos con agua y jabón, dejándolos secar muy bien antes de entregárselos al pequeño.
• Los peluches pueden ir al lavarropas sin problemas, cada quince días.
• El suelo se limpiará con agua y lavandina (un pequeño chorro) a diario, o bien un día sí y al otro no.

 

En medio de todo esto, si hay animales en casa la higiene se vuelve más problemática, y las medidas básicas serían las siguientes:

• Aspirar a menudo los pelos.
• Impedir que laman al niño (ya sea un gato o un perro).
• Jamás permitir que el niño entre en contacto con los excrementos.
• Llevar a la mascota al veterinario con frecuencia, para corroborar que su salud sea óptima.

Es claro que las bacterias, virus y gérmenes están en todas partes y no nos queda más remedio que convivir con ellos. Podemos y debemos proteger a nuestro bebé de ellos, pero no sería conveniente transformar nuestra casa en una caja de cristal, porque él está en este mundo, saldrá a la calle, vivirá experiencias, irá a la escuela. Además, y este punto es clave, si preservamos al pequeño de todo contacto con bacterias y gérmenes, su organismo no podrá desarrollar defensas. Por eso, como siempre encontrar el equilibrio es lo ideal y lo más difícil: mantener un hogar razonablemente limpio, vigilando los movimientos de nuestro bebé y repitiendo las veces que sea necesario “¡Eso no se toca!”.

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